Historia

Donde el agua hace historia y salud

Hablar del Balneario de Ledesma es adentrarse en la historia del termalismo y las primeras técnicas de salud por agua desarrolladas en la Península Ibérica. Con dos milenios de tradición, el actual complejo termal se asienta sobre el espacio en el cual los historiadores creen que, primero romanos y más tarde la España árabe, habilitaron a pie de manantial los primeros establecimientos para explotar con baños y curas un agua cuya surgencia mana desde una canalización subterránea cuyo origen geológico, es lejano en distancia y misterioso en origen. Ese recorrido bajo tierra, de muchos kilómetros, entre cauces y rocas, es el que permite que a través de filtrados naturales, el agua se cargue de minerales extraordinarios para la salud. Un proceso que los especialistas consideran que puede durar años, aportando una singularidad que convierten al Agua del Balneario de Ledesma en única.

Al igual que hoy, al pie mismo de la surgencia del manantial, los ancestros establecieron las primeras piletas, una espacio en una magistral orilla en la dehesa del Tormes, protegido por el cerro, y entonces concurrido por ser el paso de uno de los viejos tramo de calzada de la primigenia Ruta de la Plata que, paralela al río Tormes, conducía el transporte entre la Villa Medieval de Ledesma y la Monumental ciudad de Salamanca, a 9 y 25 kms de los Baños de Ledesma, respectivamente.

Son conocidos los datos arqueológicos que atestiguan que las aguas del Balneario de Ledesma fueron utilizadas por los romanos. En la “Bibliografía Médica Española” de 1896 se refieren en el lugar que ocupa en la actualidad el Balneario hallazgos de tumbas, arcas y tinajas con monedas romanas pertenecientes al emperador Lucius Aurelius Commodus del siglo II, por lo que se sospecha que en tiempos de Marco Avrelio (que hoy da nombre a la Ruta del Cerro que llega al Balneario), este establecimiento ya estaba dando servicio

Por las ruinas, restos y estudios sobre el terreno, se cree que los romanos montaron una piscina natalis de 960 pies cuadrados, con cinco pilas subalternas, comunicadas y dentro de un edificio suntuoso, según recoge José López en un estudio de 1885. El de los árabes fue inferior, de 693 pies.

La importancia del lugar a lo largo de la historia queda de manifiesto con el trabajo realizado en siglo XVIII por el multifacético profesor de la Universidad de Salamanca Diego de Torres Villarroel, publicado bajo el título de “Uso y provechos de los Baños de Ledesma”, en el cual subraya las privilegiadas características naturales de estas aguas para el tratamiento de traumatismos y secuelas, artrosis, reumatismos y neuralgias, afecciones respiratorias y sinusitis, y dermatosis. El Balneario también aparece en el libro de 1697, de Alfonso Limón Montero (uno de los primeros médicos españoles en estudiar las fuentes termales en su cátedra de la Universidad de Alcalá de Henares), “Espejo cristalino de las aguas de España”.

La magia y las virtudes de estas aguas son un tesoro protegido por el Reino de España, que en 1886 las catalogó como Aguas de Interés Minero-Medicinal, por sus probadas virtudes en el tratamiento y prevención de enfermedades del aparato respiratorio, locomotor y de afecciones neurológicas y dermatológicas, como por ejemplo la psoriasis.

Estos baños fueron declarados Monumento Histórico Artístico en 1931.

Hablar del Balneario de Ledesma es hablar de historia y de salud con mayúsculas, pero también de un magnífico paraje para disfrutar de unas vacaciones de salud y descanso en la dehesa castellana, al arrullo del río Tormes, y aun paso de Salamanca.

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