Salud termal

Salud termal

Salud termal en el balneario de Ledesma

El agua termal proviene del interior de la tierra, lo que le aporta un alto contenido mineral y un incremento de la temperatura. Es por ello que, esta agua tiene unas características especiales.

Con las lluvias, el agua penetra en la tierra en grietas y fallas que, al entrar en la profundidad se calienta naturalmente gracias al espacio magmático. Es en suma una verdadera comunión del agua con los elementos de esa tierra. Dependiendo de por dónde avance geológicamente ese manantial subterráneo, el gua va a contener unos minerales u otros, además de CO2, y estos van a ser los que aporten los beneficios de las aguas termales para la salud y los diferentes usos terapéuticos.

Al ser una agua enriquecida en las entrañas de la tierra, esta se ha filtrado siendo extremadamente pura de bacterias y otros contaminantes. La Organización Mundial de la Salud reconoce desde 1986 como terapias médicas el uso de aguas termales.

El agua de Ledesma sale por un punto de descarga con elevada temperatura, 45 grados, sulfurada y con alto contenido en flúor. Los expertos indican que “se trata de un flujo profundo, de gran amplitud, que debe alcanzar una profundidad de varios kilómetros (muy por debajo del cauce del río Tormes), en incluso en ese distante lecho subterráneo fluye con temperaturas próximas a 100 grados”. Es decir, desde donde está hasta la superficie sufre en su camino hasta la superficie una baja de 55 grados, un hecho significativo. El agua va del Sur de Baños de Ledesma al Norte, favorecido por una cizalla dúctil Juzbado-Penalva do Castelo, que actúa como barrera impermeable, de protección. Las entradas de agua al sistema se cree que llegan en la fosa de Ciudad Rodrigo. En la cizalla, los materiales metamórficos son gneises glandulares y micaesquistos de alto grado. El estudio asegura que no existe una conexión hidráulica entre el manantial termal y el agua del Tormes, puesto que en el río los análisis dan componentes químicos muy concretos que no aparecen en el que se usa en el balneario.

Un estudio, apoyado por la Universidad de Salamanca, “el agua del balneario es bicarbonatada sódica, poco salina, en su composición aniónica, aunque predomina el CO3H, presenta cantidades apreciables de SO4 y de Cl, mientras que en los cationes predomina el Na+, con concentraciones excepcionalmente bajas de los otros cationes mayores Ca y Mg, inferiores a 10, mg por litro. No obstante, la característica más peculiar es el elevado contenido en F (entre 11 y 16 mg litro); y la conductividad, alrededor de 600 mS/cm, es coherente con la salinidad del agua”. Lo que más llama la atención a los químicos es la baja salinidad, pese a su alto contacto con la roca a baja profundidad –podría ser por un intercambio sin pérdidas de otro tipo con materiales arcillosos.

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