Turismo por la Comarca de Ledesma: Una gran Villa Medieval en el antiguo Reino de Castilla

La Villa de Ledesma, a orillas del Tormes, a 9 kilómetros aguas debajo de nuestro Balneario, es una increíble aldea medieval, alzada sobre un macizo de granito a 780 metros de altitud. Un enclave de la Vieja Castilla, lleva de palacios y casonas solariegas de apellidos ilustres, ideal para conocer las fuertes influencias romanas en suelo español.

Ledesma tiene solera: a lo largo de la historia ha caído en manos de musulmanes y reconquistado por cristianos en numerosas ocasiones, y las aguas del río Tormes que la rodean, convierten a la localidad en un verdadero ejemplo de las guerras y conflictos de la época medieval. Su estratégica situación, su fácil defensa y los evidentes restos arqueológicos existentes, indican que su primer asentamiento pudo haber sido un castro prehistórico. Más evidente es su pasado romano, época en la que estuvo situado en la frontera norte de las Hispania Ulterior Lusitania, bajo la denominación romana de Bletis o Bletisa, de la que deriva su actual nombre de Ledesma. Su repoblación definitiva se produjo en el 1161 cuando Fernando II de León otorgó el fuero de la villa, lo que la convirtió en un notable centro político, económico y de comunicación de las tierras del reino de León.

La Villa Medieval de Ledesma cuenta con un rico patrimonio arquitectónico y etnográfico, consecuencia directa de su largo devenir histórico. Por este motivo, la villa fue declarada conjunto histórico-artístico en 1975, además de contar con otros bienes de interés cultural como el Puente Mocho, la iglesia de Santa Elena, la iglesia de Santa María la Mayor y la fortaleza. Además existen notables muestras culturales, propias o adaptadas, cuyo principal exponente sea quizás el Corpus, pero también otras como las Calendas, las Águedas, el Carnaval, los Quintos, la Semana Santa, el Lunes de Aguas, el Carmen o los Festivales de Veranón.

De los Romanos de Marco Aurelio a Viriato, y de los Musulmanes a Alfonso II

Tras la romanización, Ledesma queda incrustada dentro de Lusitania después de una ardua lucha entre las legiones romanas y las tropas y guerrillas lusitanas, sirva de ejemplo el caso de Viriato, pastor lusitano cuya procedencia se localiza en esta zona, entre Salamanca y Zamora. Es sobre esta época cuando Plutarco habla sobre los bletonenses, los habitantes de Bletisa (Ledesma), y nos narra cómo se les prohíbe que realicen sacrificios humanos de personas y caballos para firmar sus pactos y para adivinar el futuro.

Se sabe que Ledesma en esta época es una ciudad de cierta relevancia en Lusitania, aunque hoy sólo se conservan como se refleja más abajo restos de la muralla, puentes y una lápida incrustada en la pared exterior de la sacristía de Santa María la Mayor con la siguiente inscripción:

IMP CAES AVG PONT MAXIM TRIBUNIC POT XXVIII COS XIII PATER PATR TERMINVS AVGVSTAL INTER BLETISAM ET MIROBR ET SALM: «El Emperador César Augusto, XXVIII Pontífice Máximo de la Potestad de los Tribunos, XIII Cónsul, Padre de la Patria. Término Augustal entre Ledesma, Ciudad Rodrigo y Salamanca«.

Tras la caída del Imperio Romano, esta zona pasa a estar bajo el poder de los visigodos, sin embargo de esa época no hay restos en la propia Ledesma, sí en algunos pueblos cercanos como La Peña, y la cercanía de la famosa y mítica ciudad-estado de Sabaria.

Otros edificios importantes en la localidad incluyen la iglesia de Santa María la Mayor y la de Santa Elena. Esta última es la más antigua de Ledesma. El Castillo Fortaleza hoy funciona como un centro cultural, en su Patio de Armas se congregan toda clase de artistas y eventos culturales que reúnen a gran parte de la población.

En el 711 se inicia la conquista musulmana de la Península Ibérica. Ledesma se convierte en un importante núcleo del norte de Al-Andalus, aunque la primera noticia de la instalación de los árabes en la Villa está envuelta en leyenda: Alí, el hijo del walí musulmán Galofre, primo del rey Alcama de Toledo, es enviado a estudiar latín con los cristianos ledesminos que vivían extramuros de la Villa, junto a la iglesia de San Juan (existente hasta hace poco más de 150 años).

El joven atraído por las enseñanzas, la fe y el carácter fraternal de los cristianos decide convertirse al cristianismo; su nuevo nombre es Nicolás y los clérigos que lo bautizaron fueron Leonardo y Nicolás. Enterado su padre de esto, lo manda degollar, y a los dos clérigos despojarles de su piel, lapidarlos y a continuación quemar a los tres.

Los cristianos recogieron sus restos que han sido venerados hasta hoy día. Es curioso que se conserva una leyenda en la que se dice que el mismo día y fecha son martirizadas también en Ledesma, en el Convento de San Salvador -según la leyenda, fundación goda- dos religiosas, Julia y Vigasta, convertidas según la tradición en santas mártires, pero de las que se conservan escasas referencias tras el abandono de la comunidad benedictina del Convento de San Salvador de Ledesma.

Por lo demás, los restos del dominio musulmán no dejaron más huellas palpables, hasta que en 939, Ramiro II de León arrebata la población a los musulmanes. Se inicia con esto un periodo de reconquista de Ledesma que no culminará hasta 1161. Hasta esa época, Ledesma será repoblada por Ramiro II, atacada y saqueada en dos ocasiones por Almanzor y repoblada de nuevo por Alfonso VI de León.

En el año 1161, Fernando II de León dota de fuero propio a la Villa, y la convierte en un señorío real de Villa y Tierra configurando un alfoz comprendido entre los de Salamanca por el este, Zamora por el Norte, Ciudad Rodrigo por el Sur y el incipiente reino de Portugal por el Oeste. Dota a Ledesma de un conjunto de estructuras feudales que sirven de base al actual Casco Histórico: se le concede una garantía jurídica con el fuero (hasta que es abolido por «Las siete Partidas» de Alfonso X e igualada jurídicamente al resto de León) y se repuebla esta zona tan castigada con gente procedente de GaliciaLeónZamora y Toro, se amuralla perfectamente Ledesma y se construye en su parte menos protegida y mirando hacia el reino de Portugal una fortaleza.

La leyenda de los Pastores de Belén y sus reliquias en Ledesma

Sumergirse en la historia de Ledesma es conocer la historia medieval de España y Europa. Uno de sus capítulos más curiosos y legendarios es el que localiza en la Villa el arca con los restos de tres de los pastores que adoraron al Niño Jesús en Belén. Parece ser que, si los restos de los tres Reyes Mayos fueron el botín de un emperador alemán y acabaron en Colonia, en cuya catedral descansan en un cofre de orfebrería medieval, en el caso de los tres pastores fue un noble castellano que participó en Las Cruzadas hacia la Reconquista de Tierra Santa la que se encargó de llevar sus restos a Ledesma, donde fueron entregados a la iglesia para ser venerados, si bien la historia tuvo un giro inesperado: durante algunos años acabaron fueron prácticamente olvidados. Tal es así que no se volvió a saber de las reliquias hasta 1965, cuando durante la restauración de la iglesia de los Mesones se encontró bajo el altar la citada arca de madera forrada en piel y cuidadosamente claveteada. Al abrirla se encontraron restos humanos y una nota: «Los gloriosos Josefo, Isacio y Jacobo, pastores de Belén que merecieron ver y adorar los primeros a Cristo, Dios y hombre recién nacido en el Portal».

Aunque nadie puede asegurar la autenticidad de estos restos, que siguen siendo venerados en la localidad salmantina, existen múltiples referencias a la existencia de ese arca con los huesos auténticos de varios de los pastores que acudieron al portal de Belén. Al parecer, ante la amenaza de invasión de las tropas mahometanas en Tierra Santa, los cristianos decidieron poner a buen recaudo muchas reliquias, decisión clave en el transcurso de esta historia. Luitprando, subdiácono de Toledo asegura en el año 960 que es en la época del Conde Fernán González cuando unos caballeros bletisanos que participaron en las batallas de Jerusalén trajeron los cuerpos de los tres pastores y los trasladaron a Ledesma.

En esa misma línea se expresa Julián Pérez, Arcipreste de la iglesia de Santa Justa de Toledo, que narra como, antes del año 900, un caballero bletisano dijo los nombres “Isacio, Josef y Jacobo”, los cuales corresponden a los tres pastores trasladados a Ledesma. En otra parte de su escrito, insiste Julián Pérez en que ahora están en la ciudad de Bletisa, donde son venerados.

Por orden del Rey Enrique IV, Don Beltrán de la Cueva fue el encargado de reedificar la Capilla del Santo Cristo del Amparo que se encuentra dentro de la iglesia de San Pedro de Ledesma. En el altar de dicha capilla, al lado del Evangelio, se colocaron los cuerpos en un arca cerrada. Muy pronto, la devoción  popular empezó a venerar estos restos. Fue entonces cuando comenzaron los milagros. Francisco Zato asegura que padeciendo Ledesma una gran sequía, el 25 de mayo de 1164 se abrió el arca que contenía las reliquias y después de hacer las rogatorias correspondientes empezó a llover a las pocas horas y durante cinco días. En el archivo parroquial de Santa María consta como en el año 1662 se había formado ya una importante cofradía de devotos de la Hermandad de los Santos Pastores, en incluso el Papa Inocencio XI habla de ello en su primer año de mandato en 1667. Pero empezaron los daños, robos… en 1786 un inventario da fe de que algunos fieles se habían llevado parte de las reliquias, solo quedaba: Una cabeza entera, tres cascos, cuatro huesos grandes de costillas, diez pedazos de calavera, 24 costillas y una mandíbula, 14 huesos medianos, 15 de espinazo, siete pedazos de costillas pequeñas, tres pedazos de cuero pequeños, tres pedacitos de lienzo, una cuchara de palo quebrada y unas tijeras grandes.

En 1864 se trasladan los restos a una nueva Iglesia edificada en el Arrabal de Los Mesones, la iglesia de San Pedro. El culto a los Pastores desaparece de pronto, sin dejar rastro hasta que en los años 60 vuelven a ser localizados, protegidos y puestos en valor.

Esplendor medieval en la frontera con Lusitania

Son los siglos XV y XVI los de mayor prosperidad económica y demográfica de la Villa. Se sobrepasan los límites amurallados y nacen los barrios extramuros: Los Mesones, San Jorge, Las Ventas, Santa Elena, San Pablo, el Mercado y las Huertas, habitados por artesanos de diversos tipos y viviendas de los nuevos comerciantes, labrantines y jornaleros. Es en esta época en la que el recinto amurallado se llena de palacetes góticos y renacentistas de las grandes familias nobiliarias que han asentado su poder, quedando configuradas como una élite que dirige el Consistorio, la Iglesia, la Audiencia.

Son linajes como los Rodríguez de Ledesma, Nieto, Maldonado, Paz, Díaz de Ledesma, Figueroa, Chaves, Ulloa, Fernández del Campo, Godínez, Dieces, Olivares, Minaya, Mercado, Velasco… Familias hidalgas basadas en la riqueza agrícola y ganadera de sus señoríos rurales, generalmente de sus propiedades de los lugares y aldeas del alfoz ledesmino, compuesto por 116 pueblos, 35 alquerías y 30 despoblados.

A finales del siglo XVI, estas familias se agrupan en la «Cofradía de Hijosdalgos de Santiago», una agrupación nobiliaria con sede en la Iglesia de Santiago con el rito de probar la pureza y nobleza de sangre de los llamados «Cristianos Viejos».

Tras el primer tercio del siglo XVII, al igual que el resto de la Monarquía Hispánica, el viejo sistema del alfoz ledesmino comienza a entrar en crisis. La decadencia del Imperio Español se deja sentir muy fuertemente en Ledesma, las continuas partidas de dinero hacia las arcas reales y la multitud de jóvenes enviados hacia Flandes, Italia, Francia y América habían no sólo mermado las arcas municipales y habían arruinado al contribuyente, si no que habían desposeído al alfoz ledesmino de multitud de su mano de obra, de perpetuar la descendencia.

Si a todo esto se suma que en 1641 se independiza el Reino de Portugal, anexionado a la corona hispánica de Felipe II en 1580, y comienzan una serie de guerras en las que un Portugal fortalecido avanzaba posiciones sobre una Corona, la de Castilla y León, extenuada y que debía ser el propio Consistorio ledesmino el que debía sufragar los gastos de las tropas contratadas y su manutención para hacer freno a un enemigo que penetraba en muchas ocasiones por las Arribes.

Tras el primer tercio del siglo XVII, al igual que el resto de la Monarquía Hispánica, el viejo sistema del alfoz ledesmino comienza a entrar en crisis. La decadencia del Imperio Español se deja sentir muy fuertemente en Ledesma, las continuas partidas de dinero hacia las arcas reales y la multitud de jóvenes enviados hacia Flandes, Italia, Francia y América habían no sólo mermado las arcas municipales y habían arruinado al contribuyente, si no que habían desposeído al alfoz ledesmino de multitud de su mano de obra, de perpetuar la descendencia.

Las desamortizaciones eclesiásticas nos dejan la pérdida de multitud de patrimonio, de las siete iglesias originales se ceden al ayuntamiento las de San Martín, Santiago y San Pedro (reconstruida en los Mesones), que las derruye; la de San Polo se reconvierte en propiedad privada y es hoy la ermita de la Concepción, el ya maltrecho Convento de San Nicolás es vendido y derruido, el de las MM. Benedictinas es reconvertido en Monasterio de MM. Carmelitas, pero perdiendo gran parte de su patrimonio. Se pierden multitud de obras de arte, otras se recolocan entre las tres iglesias históricas conservadas: Santa María la MayorSanta Elena y San Miguel, convirtiéndose así en grandes poseedoras de patrimonio.

La Villa Medieval de Ledesma es una localidad tranquila, que conserva los rasgos principales de su historia y los comparte con visitantes de todas partes del mundo, aunque en su mayoría son viajeros que desean conocer más a fondo la historia de España, una nación que ha sobrevivido diferentes conflictos a lo largo de su historia.

Hitos arquitectónicos de la Villa de Ledesma.

El conjunto interior del recinto amurallado y el perímetro de construcciones que rodean a éste fueron declarados Conjunto Histórico Artístico en 1975, y aún hoy es bastante desconocido para turistas y naturales.

Se trata de un conjunto arquitectónico y paisajístico de gran valor en el que se mezclan los grandes monumentos como la grandiosa Iglesia de Santa María la Mayor o la Casa Consistorial con los antiguos palacios de los siglos XV-XIX de los hidalgos y de la naciente burguesía de Ledesma, las instituciones de beneficencia como el Hospital de San José o la Alhóndiga del Obispo de Útica Pedro del Campo… en definitiva, un ambiente basado en una multitud de edificaciones históricas rodeadas por el clima y paisaje de la dehesa charra en el que se respira el ambiente de un pasado próspero basado en la conjugación entre el campo y la urbe, el campesino y el noble, que convirtieron a Ledesma en la cabeza de un señorío muy próspero del que dependían pueblos y aldeas desde Salamanca hasta Portugal, desde la Diócesis de Zamora a la de Ciudad Rodrigo.

El Castillo (Bien de Interés Cultural desde 1949)

Iniciada su construcción de planta trapezoidal en el último tercio del siglo XII por mandato de Fernando II de León, es profundamente reformado por Beltrán y Francisco de la Cueva, Condes de Ledesma, en el último tercio del siglo XV. Realizado en piedra de sillería y sillarejo, cuenta con dos torres en la portada sur, una troncónica y otra poligonal, y la base de la torre del homenaje hacia el norte. En su puerta oriental campea el escudo original de la Villa, procedente de la desaparecida Puerta del Puente.

Lo que hoy observamos del edificio, a pesar de su grandiosidad es una mínima parte del esplendor inicial, se ha perdido toda la muralla (falsabraga) que cubría esta fortaleza en su parte de extramuros y, por la parte intramuros, se han perdido los accesos y torreones que la comunicaban con un edificio anexo, posiblemente un palacio. En su interior se conservan dos habitaciones de época gótica, una a nivel del suelo y otra sobre la anterior bajo la antigua torre del homenaje. Excavaciones arqueológicas en la década de los 80 y 90 dejaron al descubierto un complejo sistema de canalización de agua así como antiguas edificaciones como caballerizas, fortines, pozos.

 La Plaza de la Fortaleza

Uno de los tesoros escondidos de Ledesma radica en la plaza intramuros que bordea el castillo: la llamada Plaza de la Fortaleza. Se trata de una gran explanada ajardinada que cobija bajo nuestros pies una serie de subterráneos, cámaras abovedadas, conductos, polvorines… que constituirían las bodegas y las canalizaciones de agua del hipotético palacio que se comenzó a construir anexo al palacio a fines del siglo XV principios del XVI (Francisco de la Cueva II Conde de Ledesma) y del que se conserva el lienzo almohadillado que cubre el espacio de la muralla meridional desde el Castillo hasta la antigua Puerta de San Pedro, en la que se puede observar la buena factura con la que se planteó la obra (buenos sillares regulares almohadillados en consonancia con la moda del Renacimiento italiano) y tres de las antiguas salidas de las canalizaciones del agua.

Las Murallas

Más de 3 kilómetros de muralla rodean todo el perímetro de la Villa, pero no toda es de la misma época: sus inicios arrancan en el Cerro de San Martín, primer núcleo poblado de Ledesma (siglo VII a.C.), donde se encuentran ya algunos estratos de la muralla de época prerromana. También hay algunas pequeñas partes que se creen de factura romana, sobre todo en la Cuesta del Puente y alrededor de la antigua

Puerta del Caracol y del Pozo de Nieve.

La muralla que observamos hoy en su mayoría es de finales del siglo XII, obra románica de tiempos de Fernando II de León, quien marca el trazado actual de la muralla y manda fortificar completamente la Villa a base de una gran muralla almenada de buena sillería con su torres y ocho puertas de acceso bien protegidas (la del Puente, de los Toros, del Caracol, del Pozo de la Nieve, de San Nicolás o de los Mártires, de San Juan, de Herreros y de San Pedro). Es en época de Beltrán y Francisco de la Cueva (último tercio del siglo XV) cuando se reforman algunos lienzos de la muralla, y de esa época destacan algunos de los cubos de buena sillería que se conservan aún.

Puerta de San Nicolás (BIC 1949)

Es la única de las ocho puertas de la muralla que se ha conservado. Construida en el último tercio del siglo XII, de buena factura a base de sillar y sillarejo, se trata de un conjunto formado por dos cubos cilíndricos que rodean la puerta de acceso de dos arcos de cañón peraltados sobre impostas. La leyenda dice que en 745, en plena dominación musulmana de Ledesma, el hijo de Galofre, el walí o jefe de la Villa, mandó degollar a su hijo Alí (bautizado como Nicolás) y posteriormente lapidar y quemar junto a los clérigos Leonardo y Nicolás, por haberse convertido a la fe cristiana y haber traicionado así la ley islámica. Y fue desde la antigua puerta que se emplazaba en este mismo lugar desde donde su padre vio arder a su hijo entre las llamas.

El Verraco

Francisco Zato en 1720 habla de la existencia de dos verracos o toros de piedra en la antigua Puerta de los Toros, a la entrada del Puente Viejo. A principios del siglo XIX se habla de cuatro «cerdas de piedra» atadas entre sí por cadenas. Esto concuerda con lo referido por el Padre Morán que habla de cuatro antiguos verracos en la zona del puente.

Sabemos sin embargo, que esos cuatro verracos fueron arrojados al río en la década de los 40 del siglo XIX en un arrebato liberal del consistorio ledesmino que identificó el encadenamiento de los verracos con las medidas de Carlos V tras la Guerra de las Comunidades. El actual verraco fue hallado en la construcción de las Escuelas en 1957, en la parte meridional del castillo. Se trata de un verraco de entre el siglo VII y el I a.C. de granito al que le ha sido amputada la cabeza. Su tronco es muy representativo por las dimensiones aproximadas a las de un cerdo natural y con sus atributos femeninos excesivamente marcados.

Menhir del mirador

Es muy discutida su autenticidad o no, por tratarse de un resto anodino por estas tierras y por guardar similitudes con mojones usados para marcar los límites entre las propiedades agrícolas y ganaderas de la zona. Originariamente radicaba a la izquierda de la Vereda de Peñalvo, a su paso por el puente romano de Peñacerracín, en un terreno ganadero y se trasladó a su ubicación actual, en el mirador a la entrada del Puente en 1971. Se trata de un gran monolito de piedra granítica de forma cilíndrica irregular de unos 2’50 m, que hay quien ha querido identificar con un gran símbolo fálico e incluso quien cree adivinar restos de escrituras rúnicas en él.

Casa Consistorial

El actual edificio del Ayuntamiento de Ledesma, fue en su día construido como sede de la Casa del Corregidor, Sala de Audiencias y Prisión Real. Se trata de una edificación iniciada en 1484, de planta rectangular y constituida como un gran edificio sólido y aspecto de casi fortificación.

De aquella época se conserva la planta del edificio, los accesos inferiores al mismo formado por dos arcos de medio punto, lo que resta de la antigua prisión y el bello patio interior formado por diez estilizadas columnas con basas góticas.

En la parte oriental del piso inferior aún encontramos tres vanos enrejados de la antigua prisión y que como reza la inscripción datan de 1606. La parte más interesante del conjunto radica en la segunda planta, separada con una línea de imposta del piso inferior, presenta una balconada formada por cuatro arcos de medio punto sobre columnas dóricas en 1584 y cubiertas por vidrieras realizadas en 1889 por José Delclaux.

En la parte oriental del piso superior hay un muro carente de decoración con dos ventanas que dan salida al balcón corrido de forja, todo ello realizado entre 1846 y 1849 para reformar la sede de la Audiencia. Actualmente este edificio cobija las dependencias y secretarías municipales y en el piso inferior se encuentra la Oficina de Turismo.

Puente Viejo

Su base románica de los últimos años del siglo XII son los restos más antiguos que se observan a simple vista. Habría que verificar los datos del Padre Morán sobre restos de inscripciones romanas en la base que atestiguaran su discutido origen romano. Hasta el siglo XIX era el «puente más alto que cruzaba el Tormes».

Se trata pues de un puente de gran altura cuya factura actual es de mediados de la tercer tercio del siglo XV, posiblemente de época de Beltrán de la Cueva. De aquella época sólo se conservan dos arcos ojivales de los cinco con los que cuenta la construcción, pues los dos de los extremos son producto de la reforma de Martín de Sarasola a fines del siglo XVI y el segundo arco saliendo de la Villa es obra de 1816, pues en 1812 fue dinamitado por las tropas napoleónicas. Desde 1462 y hasta 1909, se debía pagar el derecho de pontazgo al conde de Ledesma por cada persona que cruzara por este puente. Es en esa época en la que el ayuntamiento adquiere la propiedad del puente y en la que se derriba la torre que había al inicio de éste y que servía para el impuesto de pontazgo.

Puente Mocho

El Puente Mocho es una visita inexcusable. Su construcción se ha atribuido a época romana, no tanto por su propia fábrica, que parece muy modificada en época medieval, sino por la existencia de la adosada y bien conservada calzada, que forma parte de una vía de comunicación entre Ledesma y Zamora (Bletisama-Ocelo Dori). Se trata de un puente de cinco arcos de medio punto, el central de mayores dimensiones, con cuatro tajamares aguas arriba, escalonados y de planta triangular. La fábrica es de sillería de granito, excepto los pretiles, de mampostería trabada con argamasa. La anchura de la calzada es variable, entre 2,60 y 3,90 metros, y el pavimento de losas irregulares de granito.

Una excelente forma de conocer más a fondo los atractivos de la Villa de Ledesma es visitando el Centro de Interpretación Histórica, allí el personal cualificado invita a realizar recorridos por el antiguo edificio de la iglesia de San Miguel y narra algunos de los eventos más importantes que han convertido a Ledesma en una localidad famosa entre los salmantinos.

Puente de Peñacerracín

A 5 km. al oeste de Ledesma, en el Cordel de Peñalvo, encontramos un pequeño puente de origen romano realizado en granito y sillarejo con argamasa, compuesto de dos arcos uno de grandes dimensiones y otro muy pequeño, posiblemente para facilitar el paso de animales. Sus tajamares hacen pensar en una reforma moderna que ha desvirtuado bastante la obra original.

Puentes romanos del arroyo Merdero

Dentro del propio término urbano de Ledesma encontramos dos pequeños puentes que salvan el llamado Arroyo Merdero, ambos de similares proporciones. El primero se encuentra junto a la Plaza de Toros y era el puente de acceso a Ledesma por el mediodía para los que usaban la Colada de Doñinos de Ledesma y es de un solo arco más un pequeño aliviadero lateral, todo se sillería regular, excepto sus pretiles que son de grandes bloques graníticos, hoy la mayoría derruidos. El segundo de ellos es el que se encuentra bajando por la antigua Calzada de Salamanca a su salida de la Puerta de San Pedro en dirección al río. Es de mayor altura que el anterior pero de similar fábrica. Este puente conducía a un gran puente romano que cruzaba el río Tormes, hoy ya inexistente, sí se conservan las calzadas a ambos lados del río.

Palacios góticos y renacentistas

Varios son los palacios que conserva Ledesma de finales del siglo XV y principios del XVI:

Palacio de Beltrán de la Cueva

Históricamente se destaca lo que se conoce como el Palacio de D. Beltrán de la Cueva, en la parte oriental de la Plaza, sólo se conserva su portada formada por un arco de entrada con las grandes dovelas y cuatro balcones superiores, sobre la puerta, bajo alfiz, se encuentran los escudos picados en la I República de Francisco de la Cueva, II Duque de Alburquerque y Conde de Ledesma, y de María Álvarez de Toledo, hija de los Duques de Alba. Esta era una casona que el conde y sus descendientes tuvieron en la Plaza Mayor para ver desde ella las corridas de toros, los autos sacramentales, las celebraciones religiosas… que se realizaban en el gran escenario que era la Plaza Mayor. Al lado izquierdo de la casa se encuentra el gran Arco de los Roderos, que comunica la Plaza Mayor con la Alhóndiga, y al otro lado el Palacio de los Roderos, edificio anexo a la propiedad del conde y que servía de sede a los roderos, encargados de recaudar los impuestos en el amplio condado de Ledesma. Su planta baja de sillería regular de buena labra posee dos grandes arcos con dovelas típicas de finales del siglo XV, el resto del edificio de dos plantas con balcones es de 1596.

Godínez, Rodríguez de Ledesma, Fonseca

En la Calle Dr. Hernández Juan, a su bajada de la Plaza Mayor, encontramos una casa de sillarejo con una puerta de medio punto con grandes dovelas y cuatro ventanas superiores, en el piso inferior, a la derecha de la puerta encontramos una ventana escamada y con las típicas bolas isabelinas, todo ello cubierto por una interesante reja cruzada. Campean encima de su portada los escudos de los Godínez, Rodríguez de Ledesma, Fonseca.

La antigua sede de la orden de Malta

En la misma Calle del Dr. Hernández Juan, edificio de finales del siglo XV realizado en sillería con un gran arco con dovelas regulares y amplias y dos vanos en el piso de abajo y arriba tres balcones, uno de ellos bajo un curioso alfiz.

Casa de las almenas

Junto a esta casa está la llamada «Casa de las almenas», de los últimos años del siglo XV, es un bello edificio de planta rectangular con jardín y claustro posterior, en cuya portada de sillería y sillarejo encontramos un arco con los mencionados dovelones de la época de los Reyes Católicos, con dos vanos reformados a los lados y cuatro balcones superiores. Son cuatro los escudos que encontramos en la fachada de varias familias nobles de la época: Hidalgo, Rodríguez de Ledesma, Chaves, Velasco, Olivares… Terminó este Palacio siendo de Juan Hernández Saravia, natural y vecino de Ledesma, Ministro de la Guerra en 1936 con el Palacio de los Rodríguez de Ledesma-los Dieces

Son muchos más los palacios de esta época, pero no es cuestión de referirlos todos, aunque se pueden citar el Palacio de los Rodríguez de Ledesma-los Dieces, el de Mercado, los de la Plaza.

Palacio del Marqués de la Gracia Real de Ledesma

Palacios de los siglos XVII Y XIX, a manos de la nobleza decadente y la burguesía naciente. Son muchos los palacetes de esta época, cabe destacar el Palacio del Marqués de la Gracia Real de Ledesma, edificio realizado en el siglo XVII y cuya portada sobria actual es del siglo XIX y el Palacio de los Chaves, un edificio de enormes proporciones y con aspecto de fortaleza, realizado en el siglo XVII y donde aún campean los escudos de esta familia.

Alhóndiga Se trata de un edificio de grandes dimensiones fundado por el Obispo de Útica, Pedro del Campo, natural de Ledesma, para el auxilio de pobres en 1580. El edificio actual como dice la inscripción del dintel data de 1605: «Syendo Duque de Alburquerque y Conde de ella Don Beltrán de la Cueba zede este en el corregidor de esta vylla Diego de Moreta Maldonado. Se acabó esta obra año de 1605». De planta rectangular con cinco arcos de medio punto que sustentaban un artesonado hoy inexistente, está realizado en sillarejo de gran tamaño, y sólo es de buena labra su cornisa corrida y su bella portada, formada por una gran puerta rectangular formada por un dintel y unas jambas monolíticas rodeadas de piedras de sillería regulares y al lado de la que campean dos escudos de la villa de 1576.

Caño del Cerezo Interesante fuente neoclásica de mediados del siglo XVIII realizada por el consistorio para el disfrute de los transeúntes de la finca El Cerezo. Realizada en granito, es una obra de gran verticalidad solo rota por los diferentes niveles de cornisas superpuestos y las volutas que coronan la obra. Posee en el centro varios escudos nobiliarios en piedra de Villamayor (Ulloa, Estrada, Cifuentes…), aunque lo que más destaca es que está coronada por los escudos de la Inquisición.

Plaza de Toros

Su construcción se encuentra en el sur del municipio, en la zona de Peña Pajar. Se construyó entre 1914 y 1916 por el arquitecto Santiago Madrigal, en un estilo ecléctico en el que abunda el neomudéjar. Su capacidad es de 3500 personas y está realizada en su exterior de sillarejo de granito y por dentro por bancos corridos de piedra de buena sillería.

Monumentos religiosos:

Torre de Santa María la Mayor (siglo XII al XVI). Estilos románico, gótico y herreriano.

Venera central de Santa María la Mayor. 1565. Gil de Hontañón el Mozo, Pedro de Inestrosa y Pedro de Gamboa.

Portada Neoclásica de la Iglesia de San Miguel de Ledesma. 1782. Actual acceso al Centro de Interpretación.

Iglesia de Santa Elena

«Virgen de la Pera» o «del Mar». Tabla hispanoflamenca. h. 1530. Anónimo ( se cree que es obra de un discípulo de Juan de Flandes).

Crucero gótico de mediados del siglo XVI.

Los monumentos religiosos albergan sin duda la mayor cantidad de patrimonio de la Villa, ya en sus propios edificios como en las obras de arte de su interior. A los inmuebles religiosos conservados hoy hemos de sumar la desaparición de al menos siete ermitas (San Juan, San Jorge, Santa Ana, San Blas, Los mártires, San Polo y Ntra. Sra. de la Cruz), un gran monasterio franciscano (San Nicolás) con su iglesia románica del siglo XII, los hospitales de San Juan y San Pablo y de San Bartolomé y San Esteban, y sobre todo la desaparición de tres iglesias históricas, aún vistas en pie por Gómez Moreno: la de San Pedro, con portada románica y relieves románicos y el resto fábrica del siglo XVI; San Martín, con restos de románico, pero muy reformada en los siglos posteriores, y Santiago, de estilo gótico, sede de la Cofradía de Hijosdalgo de Ledesma. A pesar de esto, el elenco de monumentos religiosos conservados aún hoy es muy importante y se consideran los de mayor atractivo turístico:

Iglesia de Santa María la Mayor (BIC 2002)

Es sin ninguna duda el edificio más sublime de todos con los que cuenta la Villa, destacando por sus enormes dimensiones en piedra granítica. Comenzada a construir en el último tercio del siglo XII en estilo románico final, de aquella época hoy sólo se conserva el arco por el que trascurre la calle de los Curas en la parte baja de la torre. La gran ampliación que se hace entre 1492 y 1500 se le encarga a Juan Gil de Hontañón el Viejo y consiste en la construcción de toda la nave de la iglesia hasta el arco triunfal que la separa de la Capilla Mayor y el cuerpo medio de la torre, decorado con las típicas bolas isabelinas.

El estilo de esta obra está considerado como uno de los mayores exponentes del gótico hispano-flamenco por las bóvedas de crucería de «espina de pez» y el arriesgado arco escarzano del coro posterior. Es en 1556 cuando le encarga a Juan Gil de Hontañón, el Mozo la construcción de la parte más alta de la torre y el proyecto de la Capilla Mayor, finalmente realizada por Pedro de Inestrosa y Pedro de Gamboa.

Destaca de este espacio la conjugación del último gótico con el renacimiento vigente, que se deja contemplar a través de las grandes columnas, los casetones laterales, pero sobre todo por la venera central, en forma de concha, tomada de las antiguas basílicas romanas. Son tres las capillas laterales con las que cuenta la iglesia hoy día: la de Juan de Herrera o de la Clerecía, realizada en 1535 con una fuerte estructura abovedada en el estilo de Gil de Hontañón desempeñó hasta hace 30 años la función de baptisterio, siendo hoy la depositaria del tesoro de la iglesia.

La Capilla de Enrique de la Cueva fundada entre 1501 y 1510 y realizada por Juan Gil de Hontañón el Viejo con una cabecera hexagonal y toda cubierta por bóvedas de crucería góticas; pertenecía a Enrique de la Cueva por privilegio condal, por tratarse del antiguo recaudador del conde que se convirtió al cristianismo con el edicto de los RRCC; alberga hoy un retablo churrigueresco de finales del siglo XVII y varias imágenes de calidad así como los mejores lienzos de la iglesia desde los siglos XVI-XVIII.

La Capilla de Gonzalo Rodríguez o de los Pobres, realizada en 1405 fue ampliada en 1620, cuando se dobla su capacidad y se aboveda; alberga varios sepulcros de bulto en las paredes laterales así como las sepulturas de los pobres fallecidos en el Hospital de San José. La sacristía es obra de Juan Gil de Hontañón el Mozo y es de 1529; su planta es hexagonal y cubierta con arcos ojivales.

Sus paredes poseen 6 arcos que albergan las bellas cajoneras barrocas. Cuenta con una quincena de retablos que van desde un excelente retablo de tablas flamencas del siglo XVI, hasta el retablo mayor de enormes proporciones realizado entre 1752 y 1771 en estilo neoclásico. Son muchísimas más las imágenes que alberga, desde un crucificado del siglo XIV a una Inmaculada de Salvador Carmona o a imágenes de Ramón Micó, pasando por un Cristo articulado de 1550.

Destacan también las sepulturas de los nobles que alberga en su interior entre las que destacan las del Infante don Sancho, nieto de Alfonso X, o la Martín Díaz de Ledesma realizada por un discípulo de Juan Guas. Otro de los aspectos destacables de esta iglesia es su orfebrería, albergando multitud de piezas desde finales del siglo XV hasta el XIX, destacando sobre todas la impresionante carroza del Corpus Christi de 1719 y realizada en oro y plata.

Iglesia de Santa Elena (BIC 1983)

Es la única iglesia que se ha conservado pura desde la época de la repoblación de finales del siglo XII aunque su construcción se debe alargar hasta el primer cuarto del XIII. De una sola nave y planta de salón, realizada toda en piedra de sillería, con una capilla mayor abovedada con un ábside semicircular.

Posee dos puertas de acceso, al norte y al este, destacando la norte por la decoración de sus capiteles de influencia bizantina y sus arquivoltas. Lo más destacado de todo el templo es la decoración de sus canecillos exteriores, que nos muestran una gran colección de motivos florales, antropomórficos y mitológicos de finales del siglo XII. En su interior, cuenta con cuatro retablos, el mayor, de cascarón, cubre todo el ábside y es de mediados del siglo XVIII. En un pequeño retablo lateral se encuentra la impresionante talla de San Bartolomé de mediados del siglo XVI y de la escuela de Berruguete. Toda la iglesia ha sido restaurada en 2009 por la Fundación del Patrimonio de Castilla y León.

Iglesia de San Miguel

Construida enteramente en piedra de sillería, su fábrica original es del último tercio del siglo XII en estilo románico de aquella época sólo conserva el hastial norte y un bello ábside semicircular, todo ello con modillones de nacela. Es en 1784 cuando, por encontrarse la iglesia en la zona del comercio intramuros se quiere aumentar su capacidad derruyendo parte de su fábrica románica y ampliándola hacia el este con una construcción neoclásica, de la que destacan su portada de sillares almohadillados y frontón y la bella espadaña de dos cuerpos. Su planta de salón está cubierta por un artesonado de madera, excepto en la capilla mayor y su única capilla lateral, cubiertas por bóvedas de yeso.

Destaca en su interior el retablo de madera de pino al natural realizado en 1767 por Miguel Martínez y el conjunto de frescos góticos. Rehabilitada totalmente en 2008 por la Junta de Castilla y León y por el Ayuntamiento de Ledesma, la iglesia acoge hoy el Centro de Interpretación Histórica de Ledesma «Bletisa», compuesta por reproducciones de piezas originales, paneles informativos e interactivos que recogen la historia de la Villa.

Iglesia de San Pedro y San Fernando

Construida en 1857 con los restos de la Iglesia de San Pedro y Santiago, conserva de éstas una espadaña del siglo XVII, un claustro exterior del siglo XVI, en el que está grabada la Salve y en su interior un retablo mayor del siglo XVIII en el que destaca la imponente imagen de San Pedro de finales del siglo XVII. Alterada aún más su fábrica en la década de los 60 y 70 del siglo XX, se han perdido varios retablos procedentes de las iglesias desaparecidas. Es en esta fecha cuando se redescubren unas reliquias procedentes de la antigua Iglesia de San Pedro: en una pequeña arca de piel se encuentran restos de tres esqueletos humanos y una inscripción: «Los gloriosos Ysacio, Josefo y Jacobo Pastores de Belén, que merecieron ver y adorar los primeros a Christo Dios y hombre nacido en el portal». Esto entronca con los restos venerados en la antigua Capilla del Cristo de la Agonía de la desaparecida Iglesia de San Pedro.

Ermita de la Virgen del Carmen

Pequeña ermita de planta rectangular, realizada en sillería su portada principal y de sillarejo el resto. Su fábrica original es de mediados del siglo XVI, como se deja sentir en su portada de sillería con un arco renacentista y su portal con columnas herrerianas.

En 1912 se decide ampliar la pequeña ermita y darle el doble de su capacidad, del arco toral de ladrillo que se observa en su interior hacia delante, y construir una sacristía anexa en su parte posterior. En el interior se cobija un pequeño retablo de mediados del siglo XVII, barroco, que cobija la imagen de vestir de la Virgen del Carmen, patrona de Ledesma, de finales del siglo XVI, y las de San Lázaro y Santa Bárbara de finales del siglo XVII.

Ermita de Nuestra Señora de la Concepción

En el antiguo solar de la Iglesia de San Polo se levantó en 1841, reaprovechando parte del edificio anterior, una bella ermita de propiedad privada usada para enterramientos de la familia Hernández, hoy en propiedad de la familia López-Chaves. Realizada en sillería de buena labra, destaca su cabecera hexagonal y su bella espadaña de dos cuerpos. En su interior se alberga un retablo neogótico de escasa calidad con una imagen de la Inmaculada Concepción de finales del siglo XVIII.

Monasterio de San Salvador

El que hoy es casa de la comunidad carmelitana de Ledesma, fue hasta 1876 sede de las MM. Benedictinas. El origen del monasterio se pierde en el tiempo, pues el archivo del monasterio desaparece con las benedictinas.

Posiblemente una fundación del siglo XII, hoy alberga una gran iglesia con restos góticos, del siglo XIV pero sobre todo reconstruida en el primer tercio del siglo XVII en estilo barroco, con sus yeserías y sus atrevidas cornisas. De planta de Salón, está toda cubierta por bóveda de yeso, y su cabecera está cubierta por un bello retablo realizado en piedra en estilo neoclásico en el último tercio del siglo XVIII. Destaca la colección de sus cuadros que arrancan en el siglo XVI con lienzos de Andrea Vaccara. El resto del edificio es un gran complejo de mucha capacidad, articulado en torno a dos claustros, uno moderno, y el otro de finales del siglo XVI, de dos niveles, el inferior con arcos carpaneles sustentados sobre columnas herrerianas y el superior sobre vigas de madera labradas.

Hospital de San José

Aunque el antiguo Hospital de la Capilla de Gonzalo Rodríguez no estuviese en esta localización, en 1722 se le encarga a Joaquín de Churriguera la construcción de un nuevo edificio sufragado por el beneficiado de Santa María, Andrés Nieto de Porres. El actual edificio, pues, es un buen ejemplo de la arquitectura civil del primer neoclásico: de planta rectangular articulado en torno a un claustro interior central sobre columnas, se desarrolla un bello edificio del que destaca su portada, con abundancia de la línea recta y la escasez de decoración, sólo reservada a la portada flanqueada por pilastras y el grupo escultórico de tamaño natural de la Sagrada Familia que se encuentra sobre ésta. A uno y otro lado están los escudos de Rodríguez de Ledesma y Nieto.

Cruceros góticos y renacentistas

Son cinco los cruceros que aún hoy se conservan: el de los Mesones, el de Santa Elena, el de la Ermita de la Concepción, el de las Monjas y el de la Colada de Fermoselle. Guardando similitudes entre sí, destacan sobre todo el de los Mesones y Santa Elena, enclavados sobre varios niveles de escaleras se encuentran sobre un fuste labrado coronado por bellas cruces que dejan sentir su estilo renacentista en su factura.

Más info en: Turismo de Ledesma

Oficina de Turismo Plaza Mayor 1 turismo@ayuntamientodeledesma.com

Teléfonos de contacto: (0034) 923 57 01 56 / (0034) 689 78 78 76

 

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